Por Alberto D. Fraile Oliver, periodista.
Vandana Shiva es una firme defensora de la agricultura ecológica y de la soberanía de la tierra y los alimentos. Es una guerrera pacífica que lucha contra la injusticia, la insostenibilidad y la codicia que capitanean en este momento el proceso de globalización económica que está experimentando el mundo. Señala los nombres propios de los causantes de la miseria en el tercer mundo: multinacionales como Coca-Cola o Monsanto entre otras, e instituciones a su servicio como el Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial o la Organización Mundial de Comercio.
La labor de Vandana es multidimensional: como filósofa genera ideas y alternativas cercanas a la naturaleza y al equilibrio para que podamos llevarlas a la práctica y crear sistemas de vida más humanos. Como activista se ha convertido en la “guardiana de las semillas” y la voz de los agricultores que están siendo aplastados por las corporaciones.
Cuando descubrió que las multinacionales de la industria alimentaria querían patentar las semillas y cobrar a los agricultores para que puedan sembrar dio un golpe en la mesa e inició una largo camino de lucha para dar voz a los campesinos. Insiste en que tenemos que indignarnos ante las injusticias porque no hacerlo es ser partícipes de ellas. Pero siguiendo a la figura que inspira su trabajo, Mahatma Gandhi, esa indignación no debe traducirse jamás en violencia sino más bien en el combustible que ponga en marcha nuestra creatividad para inventar alternativas que hagan de este mundo un lugar mejor.
En 1993 recibió el Premio Nobel Alternativo. Es fundadora y directora de la Fundación para la Investigación Científica, Tecnológica y Ecológica, la cual cuenta entre sus iniciativas el impulso y difusión de la agricultura ecológica (programa Navdanya), el estudio y mantenimiento de la biodiversidad (Universidad de las semillas, Colegio Internacional para la Vida Sostenible), fomentar el compromiso de las mujeres con el movimiento ecologista (Mujeres Diversas por la Diversidad), o la regeneración del sentimiento democrático (Movimiento Democracia Viva).
“Debemos proteger el sustento de los que nos dan alimentos buenos”
- ¿Podrías contarnos cuál es la situación actual de los agricultores en la India? ¿Y cuál son las luchas que tenéis en marcha? ¿Y los éxitos?
Hay dos tipos de agricultura muy distintos en la India en este momento. Uno que es el cultivo comercial orientados hacía la exportación, basado en semillas transgénicas, Y luego hay otro tipo de agricultura, el que estamos promocionando, la agricultura ecológica basada en la biodiversidad y que defiende a los pequeños productores. La agricultura globalizada ha conducido a 200,000 campesinos al suicidio por endeudamiento ya que el precio de las semillas y de la producción agrícola han aumentado. Mientras, la agricultura que practican los 300,000 campesinos con los que trabajamos en Navdanya, tratando de conservar las semillas, sin usar productos químicos y sin comprar semillas transgénicas, han visto un incremento en su cosecha y ganancias a la vez que protegen la Tierra. Hemos podido demostrar que la biodiversidad puede resolver problemas de pobreza y de hambre. Aquí está el futuro de la agricultura. Otra batalla en la que nos hemos volcado, luchado y ganado es el tema de las semillas. En este momento, Navdanya ha empezado realmente a luchar contra las semillas transgénicas y los monopolios de semillas. Hemos tenido éxito en impedir que los monopolios absolutos de semillas entren en la ley de la India, y lo hemos conseguido repitiendo constantemente al gobierno que practicaremos una defensa de la verdad como Gandhi lo hizo con la sal, seguiremos guardando nuestras semillas y no dejaremos que esto se conviertan en un crimen. El hecho de que hemos establecido alrededor de 50 bancos de semillas accesibles a los campesinos y que distribuyen semillas que pueden sobrevivir inundaciones, huracanes, tsunamis... son parte del éxito del movimiento campesino.
Otro aspecto del movimiento consiste en darle la vuelta a la crisis agrícola, el declive financiero de nuestros campesinos. Lo hacemos de forma positiva con la agricultura ecológica, bajando el coste de producción. Pero también lo hacemos políticamente. He organizado una campaña nacional para detener la crisis agrícola, y en el comité de esta campaña figuran ex-políticos y personas que han estado al servicio de la comunidad y que están preocupadas por lo que está ocurriendo.
Otro problema al que se enfrentan nuestros campesinos es la retirada de sus tierras, y las nuevas pólizas para la industrialización que sugieren que los agricultores indios no tienen que existir pese a que somos 650 millones de personas viviendo en la India rural. Están hablando de descartar a 650 millones de personas. Así que tenemos un movimiento muy fuerte para defender las tierras y los derechos de los campesinos a tener sus propias tierras. Defendemos la soberanía de la tierra. Hemos conseguido que el gobierno se retire de esta zona de tierras agrícolas. Y en muchos lugares, los campesinos han impedido la distribución de sus tierras.
Nos estamos enfrentando a unos desafíos enormes porque la globalización significa exportación innecesaria. La soberanía de las tierras implica la soberanía de los alimentos, que los campesinos puedan producir su propia comida y que el país pueda producir su propia comida. La India se ha visto obligada a importar trigo de mala calidad cuando cultivamos trigo de buena calidad. Hemos iniciado un movimiento muy grande para este año en relación con este problema, y quiero llevar al gobierno a los juzgados por haber importado trigo que no necesitamos.
-España es uno de los lugares de Europa en donde se ha sembrado más maíz transgénico, entre 60.000 y 75.000 hectáreas. En este momento los cultivos ecológicos están siendo incluso contaminados por OGM. ¿Cuál debe ser el trabajo de los agricultores ecológicos ante esta situación de desamparo?
Yo creo que la tarea la más importante para la agricultura en nuestros tiempos es la de trabajar no solo en granjas individuales, sino en regiones más amplias, organizarse de forma colectiva. Por eso he firmado un acuerdo con 43 gobiernos a nivel regional en Europa, porque solo cuando una región entera no cultiva transgénicos, entonces la agricultura ecológica está a salvo. La respuesta individual no funciona; el problema no es un problema individual, es un problema al que se enfrenta la sociedad y tenemos que responder como sociedad, de lo contrario el peso seguirá cayendo en los productores ecológicos que acabarán quebrando. Ya quebraron cuando comenzó la agricultura química, intentaron sobrevivir con la agricultura ecológica, y si la contaminación transgénica quita esta opción, ya no les quedará nada.
Lo segundo es que tenemos que darle la vuelta a esta forma que tienen las grandes empresas de utilizar las leyes de propiedad intelectual y las leyes de patentes para seguir contaminando.
Un principio muy sensato de la ecología basado en que el contaminador debe pagar está siendo pervertido con las patentes ya que el contaminador recibe el pago cuando tiene la patente, como es el caso de Monsanto. Tenemos que detener las patentes, y eso sucederá el día en que Monsanto sea considerado un contaminador, le podamos llevar a juicio y sea condenado de contaminación. Ese día todo cambiará. El tema más importante con respeto a los transgénicos es la detención de los patentes. No sólo las semillas modificadas sino también las semillas antiguas no se pueden patentar porque una patente es para un invento, y las semillas no son inventos.
- ¿Qué opinión le merece que la Comisión Europea incremente la posibilidad de contaminación de los productos ecológicos por transgénicos de un 0,1% al 0,9%? Los agricultores están muy desalentados por ello. Desde su experiencia ¿cuál es la acción correcta ante esta nueva agresión a la agricultura ecológica?
En vez de detener la contaminación, que es lo que deberían hacer el Gobierno y la Comisión, en vez de prohibir los trangénicos que es lo que quiere el público europeo, la Comisión Europea hace legítimos los transgénicos y la contaminación por los transgénicos hasta el 0,9%. Esto es un resultado directo del poder de influencia de Monsanto en la Comisión Europea. La Comisión está muy influenciada por la industria, hay casi 100 grupos de presión a tiempo completo de Monsanto y de la industria biotecnológica para influenciar los que toman las decisiones en Bruselas. Para cambiar esto hay dos formas. La primera es que la sociedad tiene que seguir optando por alimentos de los mercados locales, libres de transgénicos, creando regiones libres de transgénicos. De esta forma, las maniobras de la Comisión Europea será bloqueada.
La segunda cosa que se tiene que hacer es que las decisiones de esta naturaleza se tienen que devolver a los gobiernos locales y nacionales. Lo que comemos no es una decisión de la Organización Mundial del Comercio, y definitivamente no debería ser decisión de la Comisión Europea. Esta usurpación que permite a las corporaciones decidir cuál debería ser nuestro sistema de alimentación es un desafío democrático, y tendremos que enfrentarnos a ello cambiando el nivel en el cual se toman las decisiones.
-¿Es cierto que existe una comisión internacional para el futuro de los alimentos con la cual usted ha firmado un acuerdo con 45 gobiernos regionales europeos para mantener los cultivos a salvo de los transgénicos? ¿Qué tipo de acuerdo es? ¿Y cuáles son sus líneas de acción?
Sí, la Comisión Internacional por el Futuro de los Alimentos fue iniciada en el 2003, es una iniciativa que fue tomada por la región italiana de Toscana, yo comparto la comisión junta con el presidente de la región de Toscana. En mayo de 2007, los 45 gobiernos de Europa que decidieron ser regiones libres de transgénicos y que han formado una red de regiones libres de transgénicos firmaron, un acuerdo y compromiso con nuestra comisión para seguir creando más regiones libres de transgénicos y sistemas de alimentación libres de transgénicos. La línea de acción básica es, primero y ante todo, reconocer que todos los agricultores tienen el derecho de tener semillas libres de transgénicos, y que todos los agricultores tienen el derecho de estar libres de contaminación. También reconoce que nuestras constituciones otorgan las decisiones sobre la agricultura a los gobiernos locales y no estatales, y definitivamente no a la Comisión Europea. Básicamente, estas regiones están diciendo que nuestra constitución nos da este derecho, vamos a ejercer nuestros derechos constitucionales y no los vamos a abandonar. He observado que el resultado de que estas regiones obtengan más fuerza es que las presiones hacia el gobierno están más equilibradas. Ahora la presión sobre el gobierno solo viene de la Comisión Europea y la OMC y de esta forma, la presión del pueblo les llega desde abajo hacia arriba, y cuando los gobiernos están apretados entre la presión de debajo de las regiones libres de transgénicos y la presión de una Comisión Europea transgénica totalmente influenciada por Monsanto, entonces el gobierno empieza a reflexionar en qué dirección debe ir.
- Recientemente la FAO ha dado a conocer un informe en el que se afirma que es posible alimentar el Planeta con alimentos ecológicos. ¿A qué están esperando?
Yo estaba presente en la reunión en mayo de la FAO en la que se presentaron datos de la agricultura ecológica. Hice el discurso principal en esta conferencia y los datos de la FAO demuestran que la agricultura ecológica produce más comida, que la conservación y la producción no tienen que trabajar el uno en contra del otro, y que para los pequeños campesinos del mundo la agricultura ecológica es la mejor solución. Es cierto que nos tenemos que preguntar a qué esperan.
- ¿Cómo explicar, en este mundo con una fe ciega en la tecnología, que en el conocimiento campesino encontraremos la solución a muchos de nuestros problemas?
La obsesión con la tecnología es en realidad una obsesión con el poder de las corporaciones que pretenden aportar sistemas sofisticados y destruyen los sistemas ecológicos que son más permanentes y sostenibles. Cuándo tienes que tratar con un mito, no debes utilizar este mito para contrarrestarlo. Einstein dijo: “No puedes solucionar un problema con la misma forma de pensar que lo creó.” El pensamiento tecnológico determinista que nos ha dado la ilusión de que los químicos y los transgénicos producen más comida, esta ilusión solo se puede contrarrestar con más ciencia auténtica. Y esta ciencia auténtica vendrá de la práctica de los agricultores trabajando con los científicos e investigadores, trabajando desde una posición de igualdad. El uso del mito tecnológico para controlar la tierra, los agricultores, las semillas y nuestros alimentos será contrarrestado por la vuelta a la relación con la Tierra, la biodiversidad y con nuestros alimentos. Esta es una fuerza espiritual, cultural, que está enraizada en el planeta y sus procesos y sale de una identidad, que somos lo que comemos. Llevo trabajando más de 25 años con los mitos del determinismo tecnológico en la agricultura, y el sistema entero estaba de su lado. Pero únicamente, con verdad, sinceridad y alegría, hemos creado una alternativa que es lo que crece más deprisa. Lo hemos hecho sin patrocinio gubernamental, sin promoción de corporaciones, sin publicidad. La gente está experimentando que es mejor cultivar la tierra de forma ecológica, que la comida ecológica tiene mejor calidad, mejor sabor, es mejor para ti. ¿Cómo puedes derrocar esta experiencia de la verdad desde la perspectiva de la agricultura ecológica, con mentiras y más mentiras envueltas de la vestimenta de la tecnología?
- ¿Qué es la Democracia en la Tierra y cómo la pueden poner en práctica los agricultores y los consumidores?
La Democracia de la Tierra incluye muchos principios en un concepto. El primero es que somos parte de la comunidad de la Tierra. Las lombrices y la tierra que nos aportan la fertilidad, la biodiversidad de las plantas que necesitamos para sostener los sistemas, todo forma parte de nuestra familia extendida terrestre y nosotros somos uno más. No somos dueños, somos miembros de esta familia terrestre. Pero la Democracia de la Tierra también nos incita a no abandonar nuestra responsabilidad de cuidar la tierra, la biodiversidad, el agua y la necesidad creciente de cuidar el atmósfera que se está contaminando y el resultado es que el clima está cambiando. La Democracia de la Tierra significa que hemos de actuar como ciudadanos de la Tierra, cumpliendo con nuestros deberes y los derechos que vienen con estos deberes. Democracia no significa ir a votar cada 4 o 5 años, elegir una persona tramposa y engañosa, quién mueve el sistema y la maquinaria electoral con el dinero de las corporaciones, que tiene que devolver después de las elecciones. Esta no es la democracia. Bajo este sistema de representación controlado por las corporaciones la democracia se muere. Si la democracia tiene que estar viva, tiene que ser en las vidas de las personas, más cerca de casa, dónde podemos tener una influencia. En el área de los alimentos, significa que debemos poder elegir las semillas que plantamos, no debe ser Monsanto quién decide. Significa que deberíamos poder saber qué hay en nuestros alimentos, otra vez no debe ser la decisión de Monsanto de contaminar nuestros alimentos, ni la de la Comisión Europea de proteger esta contaminación en lugar de proteger los ciudadanos. La Democracia de la Tierra en el área de los alimentos quiere decir que tenemos la responsabilidad de crear sistemas en los que podemos proteger la Tierra, asegurar nuestra propia salud y proteger el sustento de los que nos dan alimentos buenos, es decir, los agricultores ecológicos.
- ¿Qué les diría a los agricultores ecológicos que seguramente le leerán con interés?
A los agricultores ecológicos de España, yo les digo que no creo que hay ningún trabajo más importante que proteger y cuidar la Tierra. Tenemos que cambiar los sistemas que convierten esta tarea tan elevada e una tarea inviable por culpa de los mercados artificiales, de los transgénicos, de los monopolios, de los gobiernos antidemocráticos. Nosotros tenemos el poder de cambiar estos sistemas empezando en nuestras tierras, nuestros mercados, nuestros pueblos y comunidades. La sociedad ha tenido dictadores antes, el fascismo ha prosperado antes. Yo llamo al sistema actual el fascismo de los alimentos y nuestra labor es crear la libertad de los alimentos, y el eslabón más importante en esta comunidad humana es la agricultura ecológica.
Entrevista publicada en la revista “La Fertilidad de la Tierra”, num. 31, Invierno 2008.