Fritjof Capra es uno de los grandes sabios de nuestro tiempo. Este físico y teórico de sistemas ha fundado y dirige el Center for Ecoliteracy en California, donde trabaja para promover la ecología y el pensamiento sistémico en la educación primaria y secundaria.
El reto que se plantea Ecoliteracy es el de la formación para la sostenibilidad. Las pequeños de hoy, en palabras del propio Capra “tienen el reto de construir comunidades ecológicamente sostenibles, diseñadas de tal modo que sus tecnologías y sus instituciones sociales –es decir, sus estructuras materiales y sociales– no interfieran la capacidad inherente a la naturaleza para mantener la vida”.
En este centro, que bien puede ser un modelo de proyecto eco-educativo, se encarga de aplicar una pedagogía denominada “instrucciones para vivir de una manera sostenible”. Su experiencia durante años le ha llevado a conclusión de que la mejor manera de conseguirlo es promoviendo el pensamiento sistémico entre los alumnos, aplicando la experiencia y directa y trabajando de forma multidisciplinar. Las capacidades que Fritjof Capra trata de desarrollar con esta pedagogía se basan en cuatro pilares: cabeza, corazón, manos y espíritu.
La cabeza abarca el conocimiento ecológico. La habilidad para pensar sistémica y críticamente y la capacidad de resolver problemas creativamente, aplicando ética medioambiental a nuevas situaciones.
El corazón, tal y como se contempla en el Center for Ecoliteracy, se refiere a un sentimiento profundo, no a un simple entendimiento, de la importancia del bienestar de la Tierra y de todos los seres vivos que la habitan. Desarrollar la empatía y la capacidad de ver y apreciar múltiples perspectivas. Supone un compromiso de equidad, justicia, inclusividad y respeto por todos.
Las manos hacen referencia al desarrollo de la habilidad para aplicar el conocimiento ecológico a la práctica del diseño ecológico, la habilidades prácticas para crear y usar herramientas, objetos y procedimientos que requieren comunidades verdaderamente sostenibles. Y la capacidad para convertir las convicciones en practicas y efectivas acciones.
El delicado término de espíritu, Fritjof Capra lo propone como una sensación de admiración y capacidad de reverencia ante la vida. Una apreciación del lugar que nos acoge. Además, supone un sentimiento de parentesco con el mundo natural, y la habilidad para inspirar este sentimiento en otros.
La mejor manera de introducir a los pequeños en una visión ecológica y holística pasa porque se eduquen en contacto con la naturaleza, que puedan observarla, aprender de sus prodigiosos sistemas y colaborar con ella en una relación de respeto y reconocimiento de la mutua dependencia. El huerto escolar es la herramienta idónea para lograr este objetivo. Este proyecto que la comunidad educativa desarrolla supone una zambullida del niño en la naturaleza y sus ciclos. Esa experiencia les proporciona la capacidad de percibir las conexiones ocultas de la naturaleza y la perspectiva necesaria para entender la red de la vida de la que formamos parte y con la que tenemos que colaborar sin queremos continuar nuestra evolución-
Alberto Fraile, editor de la revista Namaste.
(Prólogo del “Ecoalfabeto”, editado por Revista Namaste. © Fritjof Capra and The Center for Ecoliteracy)