GANDHI VIVE COMO fuente perenne de inspiración y de innovación política para defender nuestras libertades. De Gandhi obtuve yo la inspiración para hacer frente a la globalización, un plan para extinguir las libertades de las personas mediante un control total por parte del comercio, la tecnología y los derechos de propiedad; la libertad de los ríos para que fluyan y los organismos evolucionen, la libertad de los agricultores para almacenar semillas y cultivar los campos, la libertad de los consumidores para elegir libremente lo que comen y para saber cómo se produce su comida. Estas libertades fundamentales están siendo sustraídas en nombre del “libre comercio” de la globalización.
La globalización se presenta a menudo como un proceso de nuevas interconexiones entre sociedades. Pero en realidad se trata del alcance global de las grandes corporaciones, no de la unión global de los corazones de la gente. Pero el verdadero proyecto de la globalización es la colonización y la manipulación de las verdaderas fuentes y procesos que nos dan la vida: nuestra biodiversidad, nuestro alimento y nuestra agua.
Durante las dos últimas décadas, mis ideas y acciones para defender la libertad y la diversidad han venido de Gandhi. Sin su legado, sería imposible tan siquiera imaginar una respuesta al totalitarismo de la globalización. Las patentes sobre la vida y las nuevas biotecnologías son las actuales armas del imperialismo. Son el corazón de las reglas de libre comercio de la Organización del Comercio Mundial, que se manifiestan en forma de derechos sobre la Propiedad Intelectual Relativos al Comercio (Trade Related Intellectual Property Rights, TRIPS). La frase “relativos al comercio” tuvo que ligarse forzosamente a la propiedad intelectual precisamente porque la propiedad intelectual no tiene cabida en el tratado sobre el comercio, y las patentes no deberían haberse extendido para abarcar las formas de vida natural como ocurre con los TRIPS, que fuerzan a los países a patentar las formas de vida, en particular microorganismos y plantas y animales diseñados genéticamente. Estas reglas se hicieron por y para las corporaciones.
Las patentes sobre la vida suponen un sistema de control total. Permiten a las corporaciones reclamar la propiedad de las formas de vida. Permiten a las corporaciones definir los actos de guardar y compartir semillas como “crímenes contra la propiedad intelectual”. Y los TRIPS sancionan el crimen de la biopiratería - el robo del conocimiento ancestral desarrollado y conservado por las comunidades durante generaciones.
Una patente es un derecho exclusivo a poseer, hacer, vender, producir y usar un determinado producto. Una patente sobre las semillas implica que un agricultor que almacena semillas es un ladrón de la propiedad intelectual. Pero quiere decir algo más. Un sistema en el que la semilla se ha convertido en un monopolio de las multinacionales, un sistema en el que unas pocas compañías controlan el suministro de semillas, es en efecto un sistema de esclavitud para los agricultores. Cuando la libertad sobre las semillas desaparece, la libertad del agricultor desaparece.
Esa es la razón por la que, en 1987, cuando oí hablar de los TRIPS y de las patentes sobre la vida por primera vez, comencé a investigar maneras de defender la libertad de la biodiversidad y la libertad de los campesinos frente a los TRIPS y las patentes. Y la rueca de Gandhi me inspiró para dedicar mi vida a salvar las semillas, a salvar a los granjeros y a proteger la vida.
La Rueca de la Libertad
La recuperación del sustento en la India fue lo que hizo pensar a Gandhi en la rueca como un símbolo de liberación y un arma para el desarrollo. Los molinos a motor eran el modelo de desarrollo en aquel periodo de principios de la industrialización. Sin embargo, el hambre de los molinos por consumir materia prima y mercados fue la razón por la que apareció una nueva forma de pobreza, creada por la destrucción del sustento, bien mediante el desvío de la tierra y la biomasa desde la subsistencia local hacia las fábricas, bien mediante el traslado de la producción local a los mercados.
Gandhi dijo que “todo lo que millones de personas pueden hacer juntas se convierte en un poder único”. La rueca se convirtió en un símbolo de tal poder. “La rueca como tal carece de vida, pero cuando la dotas de simbolismo, se transforma para mí en algo vivo”.
Cuando, en 1908, Gandhi describió la rueca como una panacea para el pauperismo creciente de la India, nunca había visto un antes. Y aunque la vio como un elemento esencial de libertad del colonialismo, no pudo encontrar una rueca o un hilandero en ningún sitio. En 1917, el íntimo amigo de Gandhi, Ganga Behn Majumdar inició la búsqueda de la rueca, y encontró una en el pueblo de Vijapur en el estado de Baroda. Pocas personas conservaban aún ruecas en su casa, aunque llevaban mucho tiempo en el desván. Pero entonces las sacaron y en poco tiempo la ropa hecha a mano de Vijapur se convirtió en una marca reconocida. La rueca se convirtió rápidamente en un símbolo para el movimiento independentista de la India.
La rueca simbolizaba una tecnología que conserva los recursos y el control del pueblo sobre su sustento. En contraste con el imperialismo de la industria textil británica, la rueca generaba trabajo y lo descentralizaba, más que reemplazarlo. Precisaba de la mente y las manos de la gente, en lugar de tratarlos como algo sobrante, o como una simple parte de un proceso industrial. Esta mezcla crítica de descentralización, generación de sustento, conservación de los recursos y fortalecimiento de la autosuficiencia era esencial para acabar con el abuso de la centralización, la destrucción del sustento, el agotamiento de los recursos y la creación de una dependencia económica y política generada por la asociación entre el imperialismo y el colonialismo.
La rueca de Gandhi es un reto para las nociones de progreso y obsolescencia que surge de un desarrollo basado en la ciencia y la tecnología. La obsolescencia y el derroche son construcciones sociales que poseen un componente político y ecológico. Políticamente, la noción de obsolescencia despoja a la gente del control sobre su vida y su sustento al definir el trabajo productivo como improductivo y al quitar a las personas el control sobre los procesos de producción en nombre del progreso. Ecológicamente, la obsolescencia destruye la capacidad regeneradora de la naturaleza al sustituir la diversidad de la naturaleza por la uniformidad manufacturada. Esa concepción de personas en una mano y de la diversidad en la otra constituye la política del desarrollo tecnológico guiado por nociones reduccionistas de productividad. Estas nociones roban a la gente el control sobre sus medios para reproducir la vida y roban a la naturaleza su capacidad de regenerar la diversidad.
La erosión ecológica y la destrucción del sustento van ligadas entre sí. El desplazamiento de la diversidad y el desplazamiento de las fuentes de sustento de la gente, surgen ambos de una visión de desarrollo y de crecimiento basadas en la uniformidad creada por un control centralizado. Puesto que las semillas están siendo modificadas genéticamente y patentadas, está surgiendo una crisis para los agricultores y la agricultura. Y la semilla se ha convertido en la rueca de hoy día.
Diversidad y Libertad
La semilla se reproduce y se multiplica. Los agricultores utilizan la semilla como grano para comer y para la cosecha del año siguiente. La semilla es libre, gratuita, tanto en el sentido ecológico de reproducirse a sí misma, como en el sentido económico de reproducir el sustento del agricultor. Pero esta libertad sobre las semillas supone un gran obstáculo para las multinacionales de semillas. Si tiene que crearse un mercado de semillas, la semilla debe transformarse materialmente, de manera que se bloquee su capacidad de reproducción y se cambie su estado natural de manera legal; en lugar de ser la propiedad común de las cooperativas agrarias, la semilla se convierte en una propiedad privada patentada de las multinacionales.
La rueca de Gandhi se convirtió en un importante símbolo de la libertad, no porque fuera grande y poderosa, sino por era pequeña: un símbolo de resistencia y creatividad en las más pequeñas chozas y para las familias más pobres. En la pequeñez yace su poder. La semilla también es pequeña. Contiene diversidad. Contiene libertad. La semilla es todavía la fuente común de sustento para los pequeños agricultores. La libertad de las semillas va más allá de su libertad ante las corporaciones. Indica la libertad de las diversas culturas ante el control centralizado. En la semilla, se combinan asuntos ecológicos con asuntos sociales.
El Movimiento por la Semilla
A pesar de múltiples obstáculos y presiones, lanzamos un programa internacional para preservar la diversidad de las semillas. Lo llamamos Navdanya, que literalmente quiere decir “nueve semillas” y es un símbolo de la riqueza de la diversidad.
El nuestro no fue el primer programa de conservación de las semillas. Los recursos genéticos siempre han sido recogidos para su reproducción. Los riesgos de una reproducción encaminada hacia la uniformidad provocó la aparición de bancos de genes en los gobiernos de los 70. Sin embargo, mientras los bancos de semillas recogen la biodiversidad de los campos, no la conservan mediante ni para los agricultores. En su lugar, la diversidad fluye desde los campos de los agricultores hacia los bancos de semillas y de ahí a los reproductores multinacionales. Como resultado, la diversidad es sistemáticamente destruida desde su origen. Esto excluye al agricultor a la hora de jugar el papel crítico de conservador de la diversidad genética y de innovador en el desarrollo de la semilla. Despoja a los agricultores de su herencia biológica e intelectual. También diferencia la conservación de la producción, al científico del agricultor.
Ante una situación tan crítica, estamos construyendo un programa en el que la relación entre los agricultores y los científicos sea horizontal, no vertical, en el que la conservación de la biodiversidad y la producción de alimentos viajen juntas en lugar de ir en compartimentos separados. Es importante construir un movimiento en el que la sabiduría de los agricultores se vea fortalecida, no usurpada.
Aunque los cambios fundamentales hacia los que caminamos sólo podrán alcanzarse a largo plazo, Navdanya ya ha tenido un gran impacto en las pequeñas aldeas en las que trabajamos. Conscientes de que nuestros pequeños esfuerzos en la conservación de la diversidad de las semillas de los indígenas no son suficientes, también hemos unido nuestras manos a las del movimiento agrario para movilizar a la opinión pública, contra la amenaza emergente de que las grandes multinacionales puedan hacerse con un control monopolizado de toda vida.
La semilla nativa se ha convertido en un símbolo de resistencia frente a la monocultura y los derechos al monopolio. El cambio de uniformidad a diversidad respeta los derechos de todas las especies y es sostenible. La diversidad también es un imperativo político porque la uniformidad va de la mano de la centralización, mientras que la diversidad requiere un control descentralizado.
Diversas semillas traen consigo otras semillas para nuevas formas de pensar en la naturaleza, y otras formas de producir nuestras necesidades. La conservación de la diversidad es, sobre todo, el compromiso para permitir que florezcan alternativas en la sociedad, en la naturaleza, en los sistemas económicos y en los sistemas de aprendizaje. Cultivar y conservar la diversidad no es un lujo: es un imperativo de supervivencia y la condición previa para la libertad de todos. En la diversidad, lo más pequeño tiene su lugar y su significado. Permitir que lo pequeño florezca es la verdadera prueba de libertad. Es esta conexión entre la diversidad, la descentralización y la democracia la que ha guiado mis ideas y acciones, tanto a un nivel local como global.
Preservar las Semillas: Nuestro Deber Ético, Nuestro Derecho Humano.
La semilla es el primer eslabón en la cadena alimentaria. En Sánscrito, Bija, la semilla, significa fuente de vida. Preservar la semilla es nuestro deber; compartir la semilla es nuestra cultura. Puesto que la conservación de la semilla está en manos de patentes, los granjeros tienen que comprarlas cada temporada: un recurso gratuito disponible en cualquier granja, se convierte en una mercancía que los granjeros se ven obligados a comprar cada año. Ello aumenta la pobreza y genera endeudamiento. Puesto que las deudas aumentan y se hacen impagables, los granjeros se ven obligados a vender sus riñones o incluso se suicidan. Más de 25.000 campesinos se han quitado la vida en la India desde 1997, cuando la práctica de conservar las semillas fue bloqueada por la globalización, y las multinacionales comenzaron a controlar el abastecimiento de semillas.
Este cambio en la gestión de las semillas por parte de los agricultores hacia el monopolio de las grandes corporaciones también supone un cambio desde la biodiversidad hacia monoculturas. Antes, en el Distrito de Warangal en el Estado de Andhra Pradesh se cultivaban diversas legumbres, mijo y oleaginosas. Ahora, los monopolios de semillas han creado monocultivos de algodón.
Las monoculturas y la uniformidad aumenta el riesgo de fracaso de las cosechas puesto que algunas semillas adaptadas a ciertos ecosistemas son sustituidas por la introducción en el mercado de otras semillas inadaptadas o incluso sin ser antes evaluadas. Cuando Monsanto introdujo por primera vez el algodón británico en la India en el año 2002 los agricultores perdieron mil millones de rupias debido a malas cosechas. En lugar de 1.500 Kg por acre, como prometía la compañía, no se obtuvieron más de 200 Kg por acre. En lugar de unos ingresos de 10.000 rupias por acre, los granjeros tuvieron pérdidas de 6.400 rupias por acre.
En el estado de Bihar, cuando se sustituyó la tradicional semilla de maíz por el maíz híbrido de Monsanto, se arruinó la cosecha entera, generando pérdidas por valor de 4.000 millones de rupias y aumentando la pobreza de los agricultores. Los campesinos no pueden sobrevivir a los monopolios de semillas. Por eso es tan relevante el caso de Percy Schmeiser, no sólo en Canadá sino también para millones de agricultores y campesinos de todo el mundo (véase Resurgence 223). El caso injusto y nada ético llevado a cabo por Monsanto contra Schmeiser es un doble crimen contra los agricultores. Primero, porque al crear y obligar a pagar derechos de patente ilegítimos sobre las semillas, nos arrebata nuestro derecho y nuestro deber humano de preservar las semillas. En segundo lugar, recompensa al que contamina con mejores derechos de propiedad y beneficios. El principio de “quien contamina paga” se ha convertido en el principio de “al que contamina le pagan”.
Esta jurisprudencia perversa debe corregirse por el bien de todos los agricultores y todas las especies. Las libertades de los granjeros deben tener prioridad sobre el monopolio de las corporaciones. La supervivencia de los agricultores debe tener prioridad sobre la codicia de las corporaciones. El futuro de Schmeiser es nuestro futuro. Sus derechos como granjero son un símbolo de los derechos humanos de todos los granjeros.
La Economía Suicida
El campesinado de la India, el mayor cuerpo de granjeros supervivientes en todo el mundo, afronta hoy una crisis de extinción. Dos tercios de la India obtienen su sustento de la tierra. La tierra es el patrón más generoso en nuestro país de mil millones de habitantes. Hemos cultivado esta tierra durante más de 5.000 años.
Sin embargo, como que la agricultura se está desvinculando de la naturaleza, del suelo, de la biodiversidad y de las estaciones, para vincularse a las corporaciones y mercados globales, la generosidad de la tierra está siendo sustituida por la codicia de las corporaciones, y se está destruyendo la viabilidad de pequeñas granjas y de sus granjeros. La agricultura se convierte en agro-negocio y las granjas naturales en granjas industriales.
Los suicidios de los agricultores es el síntoma más trágico y dramático de la crisis de supervivencia a la que se enfrentan los campesinos indios. El rápido aumento del endeudamiento está arrebatando sus vidas a los granjeros. La deuda es el reflejo de una economía negativa, una economía de pérdidas, una economía suicida. Hay dos factores que han transformado la economía positiva de la agricultura en una economía negativa: el aumento de los costes de producción y la caída de precios de los productos agrarios. Ambos factores están bien arraigados en las políticas de liberalización de mercados y de globalización empresarial.
Es una necesidad urgente parar esta guerra contra los pequeños agricultores. Es necesario reescribir las reglas del comercio agrario. Es necesario cambiar nuestros paradigmas de producción de alimento. Bajo la excusa de alimentar a la humanidad el sistema actual nos conduce a la extinción de los agricultores y a la extinción de las especies. Otra agricultura es posible y necesaria – una agricultura que proteja el sustento de los granjeros, la Tierra y su biodiversidad, y la salud del pueblo.
La lucha de los agricultores es una lucha por la libertad.
Esta es una versión editada de la Lectura en Memoria de Gandhi celebrada el 30 de Enero de 2004
en la Fundación Gandhi por la Paz, Nueva Delhi, India.